
A veces el origen de algo no empieza con un gran plan.
Empieza simplemente con una idea… y muchas ganas de probar cosas.
Este fue el primer diseño que hice para una camiseta, en el año 1999. Lo realicé directamente en ordenador como parte de un trabajo de primeros de carrera. En aquel momento no tenía demasiada experiencia en diseño ni sabía mucho sobre composición o lenguaje visual. Simplemente abrí el programa y empecé a probar cosas.
Formas geométricas, colores planos, una hoja, una pirámide, incluso una columna clásica. Viéndolo hoy es evidente que hay muchas ideas mezcladas. Es el tipo de composición que aparece cuando uno está explorando sin demasiadas reglas.
Pero lo curioso es que ese diseño sí llegó a convertirse en una camiseta real.
La llevé a imprimir y pude verla por primera vez fuera de la pantalla.
Recuerdo también que a mi profesor no le convenció demasiado. Probablemente esperaba algo más ordenado o con una intención más clara. Pero ocurrió algo que para mí fue mucho más importante.
A mi hermana le encantó.
Tanto que me pidió una copia impresa para colgarla en su habitación.
Y eso para mí fue lo más importante. Me daba igual que a mi profesor no le gustase. Solo me importó que a mi hermana le gustó.
Mirando atrás, este diseño es muy distinto a lo que hago hoy. Pero también me doy cuenta de algo interesante: muchas de las cosas que sigo explorando actualmente ya estaban ahí de forma intuitiva.
La mezcla de símbolos, la geometría, la idea de que un diseño puede contar algo más allá de lo puramente decorativo.
A veces los primeros pasos no parecen importantes. Pero con el tiempo uno descubre que ya contenían las primeras pistas del camino.

